El trastorno obsesivo compulsivo en la infancia

Todos conocemos más o menos en qué consiste este trastorno gracias a las series y películas que buscan concienciar, mostrar y normalizar el padecimiento de una patología tan típica fruto de la ansiedad.

En las consultas se suelen encontrar a adolescentes y adultos que experimenten trastorno obsesivo compulsivo, sin embargo, no es tan típico ver a niños ya que existe una gran carga de secretismo, sintiendo mucha culpabilidad y miedo. Además, los padres se plantean la ayuda de un profesional cuando la ansiedad es muy alta y existe un deterioro importante en la vida diaria del niño debido a este problema.

En primer lugar, me gustaría explicar brevemente en qué consiste este trastorno. Según la CIE-10 (1999), “es un trastorno caracterizado por la presencia de pensamientos obsesivos o actos compulsivos recurrentes”.

  • Pensamientos obsesivos: son ideas, imágenes o impulsos mentales que irrumpen de manera continua en la actividad mental de la persona; son siempre desagradables y el que lo experimenta suele intentar resistirse a ellos, sin embargo, no suele tener éxito. Se perciben como propios a pesar de ser involuntarios y producen un alto grado de ansiedad.
  • Compulsiones: son actos o rituales no placenteros que se repiten una y otra vez con el objetivo de prevenir que ocurra algún hecho objetivamente improbable. En ocasiones, la persona reconoce que este comportamiento carece de sentido o eficacia y hace reiterados intentos para resistirse a ello. La acción suele repetirse un número determinado de veces y para la persona es importante tanto el contenido de la compulsión como el número de veces que se repite con el objetivo de calmar la ansiedad que experimenta.

Durante la infancia y la adolescencia, los contenidos de esas obsesiones suelen ser de contaminación (sensación de malestar si toca determinados objetos o personas) y dudas obsesivas (acción que puede haber producido daño a otro, por ejemplo, si han atropellado a un animal con la bicicleta).

Compulsiones más frecuentes:
– Lavado de manos y evitación de objetos, lugares o personas que puedan estar contaminadas o que al tocarlos pueda pasarle algo terrible a una persona que quiere.
– Contar, arreglar o tocar de manera repetida hasta reducir la ansiedad.
– Simetría (colocar los objetos de un sitio de forma simétrica y ser incapaz de dejarlo de otro modo).
-Acciones repetidas o un número de veces repetidas.
-Rituales mentales (rezar en silencio, repetir, contar o tener que pensar en algo hasta reducir la ansiedad).

Con el objetivo de eliminar o reducir las obsesiones de su mente y poder hacer desaparecer la ansiedad, las personas con trastorno obsesivo compulsivo llegan a realizar una serie de estrategias:

  1. Distracción: mantenerse ocupado con alguna actividad o pensar en algo diferente al pensamiento intrusivo.
  2. Castigo: la persona se enfada consigo misma, se insulta y culpabiliza por tener pensamientos indeseados llegando, incluso, a agredirse en un intento de controlar lo que piensa.
  3. Revaluación: busca analizar el pensamiento de forma racional con el fin de comprobar su validez.
  4. Control social: habla el contenido del pensamiento con un familiar o amigo de confianza buscando reducir la ansiedad con los argumentos que le aportan.
  5. Preocupación: el niño se centra en pensamientos o acciones, molestos o problemas que no se encuentran relacionados con el pensamiento intrusivo que quiere eliminar.

Para aquellos padres o profesores que puedan tener dudas sobre si el niño puede padecer este trastorno y, así, acudir a un profesional, estas son las características más importantes a tener en cuenta:

Obsesiones
– Se repiten
– Pensamientos simples, poco estructurados y aparecen de la misma forma
– Son desagradables o repulsivos
– Se perciben como absurdos, bien por su contenido o la frecuencia con que se repiten
– Son pensamientos intrusivos
– El niño los percibe como pensamientos propios producidos por su propia mente, a pesar de ser involuntarios
Compulsiones
– Comportamientos repetitivos
– Actos o rituales que tienden a realizarse siempre de la misma forma
– Tienen la finalidad de prevenir o neutralizar un daño o peligro
– No es placentero en sí mismo
– El acto o ritual no constituye una actividad útil
– Lo percibe como un comportamiento producido por uno mismo o como un impulso propio
– El niño intenta resistirse a la realización del acto, sin embargo, es inútil ya que suele terminar realizándolo
– Acto poco racional
– En el momento de realizar el acto y previamente al mismo genera ansiedad y la resistencia a la ejecución del acto o ritual la aumenta
– La realización del ritual o acto de manera adecuada hace que alivie o elimine la ansiedad en el niño

Os animo a acudir a un profesional si tenéis algún tipo de duda de si el niño puede llegar a padecer este trastorno ya que es importante que la intervención de este trastorno sea lo antes posible y, así, evitar que los niños lleguen a sufrir tanto y a obtener mejores resultados.

Bibliografía:
– Lázaro, A. G., Nogueira, R., & Godoy, A. (2014). Tratamiento del TOC en niños y adolescentes. Ediciones Pirámide.

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