El sueño en la infancia

 

Dormir es algo muy importante en nuestro día a día, nos ayuda a recuperarnos de la fatiga física o psíquica que podamos haber experimentado durante el día, a que nuestro cuerpo descanse, a desconectar de los problemas, etc.

El tiempo de sueño varía a lo largo de todo el desarrollo evolutivo. Aunque también depende de la personalidad del sujeto, de los hábitos y costumbres, su estado de salud y de la actividad que realiza a lo largo del día podemos clasificar el sueño infantil en función del ciclo evolutivo en el que se encuentre:

EDAD TIEMPO DE SUEÑO
0-3 meses 17 horas de sueño, interrumpidas cada 3 ó 4 horas por breves períodos de vigilia que se utilizan para comer
4-6 meses se alarga el período de sueño nocturno y duerme períodos un poco más cortos durante el día, dilatando la vigilia en que hace las comidas, durmiendo un total de 15 horas de media.
7-12 meses 8 ó 9 horas por la noche,y hace 2 siestas de una hora y media más o menos una de mañana y otra de tarde.
1-3 años 12 horas, 10 por la noche y 2 de siesta.
3-4 años 11 horas y desaparece la siesta.
4-10 años 10-11 horas
10-16 años 9 y 10 horas
Adultos 7 y 8 horas y este número se va reduciendo con el tiempo.

Sin embargo, no podemos seguir estos patrones rígidamente ya que varían ampliamente de unas personas a otras. Debemos tomarlo como algo orientativo que nos ayude a guiarnos en todo el proceso del desarrollo evolutivo del niño.

En los primeros años de vida, pueden sufrir problemas para dormir. Esto es algo muy común, sin embargo, es un hecho que genera mucha ansiedad a los padres, tiene consecuencias negativas para el niño ya que no disfruta del tiempo de descanso que necesita, puede experimentar miedos si ve que sus padres no reaccionan de forma adecuada, etc. Para ello, es necesario presentar algunas pautas que se pueden seguir en momentos como éste:

  1. Lo más necesario es instaurar una serie de hábitos y rutinas adecuadas de sueño.
  2. Debe crearse un clima apropiado para que el niño establezca su ritmo de sueño, respetando esos intervalos sin interrumpirlos para que se conviertan en una costumbre.
  3. Minimizar las posibles interrupciones, como los ruidos externos.
  4. Es muy positivo crear un ritual antes de irse a la cama que le ayude al niño a ir preparándose. La rutina puede ser la de bañarse, cenar, lavarse los dientes, que le cuenten un cuento antes de dormir.
    Esto ayuda al niño ya que percibe su mundo de forma más ordenada y segura. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que todas estas actividades no deben prolongarse en el tiempo, deben realizarse en el tiempo adecuado sin darle la oportunidad al niño de que lo alargue él.
  5. Evitar que los niños vean televisión o vídeos antes de acostarse.
  6. Mantener las televisiones, ordenadores y videojuegos  fuera de la habitación.
  7. Los momentos antes de irse a dormir deben ser tranquilos para que no esté muy excitado. Un niño que esté más activo le será más difícil poder conciliar el sueño.
  8. También es muy importante el clima que hay en la habitación. Debemos introducir en el esquema mental del niño que su cama está para dormir no para comer,  ni jugar, etc. Llevar un orden determinado de las cosas le ayudará al niño a pensar en su cama como un lugar de descanso y sueño.
  9. Hay niños que necesitan de un momento prolongado donde los padres deben acunarles, acariciarles, besarles y quedarse allí hasta que el niño se quede dormido. Esto puede ser algo muy fatigoso para los padres ya que son procesos que se pueden alargar demasiado en el tiempo.
    Por lo tanto, se puede establecer como un hábito despedirse hasta el día siguiente, darle un beso al niño y salir de la habitación. No es necesario esperar hasta que se duerman, ellos mismo deben aprender a esperar hasta que llegue el sueño.

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