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La Educación Temprana es aquella que promueve el máximo potencial del desarrollo, enfocándose en que los niños y niñas logren aprendizajes a partir de un ambiente enriquecido, en donde se promuevan interacciones afectivas sanas: que juegue, que este seguro física y emocionalmente, que reciba una alimentación nutritiva y un monitoreo de su salud.

Con el avance de los estudios en la neurociencia, se comprueba que los niños y las niñas, desde que son concebidos, empiezan a desarrollar sus facultades de aprendizaje, por tanto, el desarrollo humano es estimulado y potenciado en el vientre materno. Por eso, se considera fundamental el reconocimiento de la importancia de la etapa de la primera infancia.
Estudios del cerebro ponen en evidencia que éste se desarrolla a través de la experiencia en las primeras etapas de vida, en la cual la relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas, llamada sinapsis, se multiplica con rapidez, formando las estructuras encargadas de establecer las condiciones para el aprendizaje. Katz (2005) esboza que aproximadamente un 80% a 85% del total de las conexiones neuronales de un individuo son adquiridas durante los primeros seis años de vida.
En las primeras etapas de vida, cuando se produce la formación del sistema neural, éste presenta una característica muy particular denominada plasticidad cerebral que se trata de la maleabilidad con que cuenta el sistema nervioso para desarrollar las distintas capacidades. Si en estos primeros momentos, en que se producen actividades y mecanismos claves para la formación de sus capacidades, los niños no reciben estímulos adecuados, podrían no activar ciertas capacidades o talentos desaprovechando su potencial.
El cerebro “es más un órgano buscador de pautas que un receptor de pautas”, por lo tanto, los primeros años de vida deben ser exploratorios, ricos y seguros en calidad de aprendizajes. La influencia del entorno familiar y comunitario, así como la calidad de las relaciones afectivas y una sana nutrición en estas etapas de organización funcional, serán cruciales en el
Existe gran controversia entre si es el código génetico o el ambiente quien define al niño/a. Según diversos estudios es el código genético quien marca las posibilidades del niño, es decir, aquello que se podrá desarrollar si se estimula. Y va a ser el medio, es decir la educación y el entorno, el que va a hacer que esas posibilidades se den o no.
La madre y el padre son irremplazables durante esta etapa. Para Vargas y Polaino-Lorente (1996), “el apego consiste en la vinculación afectiva, estable y consistente que se establece entre un niño y su madre, como resultado de la interacción entre ambos”. La ausencia de estimulación y atención durante los primeros tres años de vida trae consecuencias para el niño/a provocando alteraciones en el desarrollo emocional, intelectual, lingüístico, social y físico.
Peralta (2005) afirma que no se trata de una estimulación temprana, entendida como una aceleración en los procesos naturales de desarrollo de un infante, sino más bien de una intervención oportuna para potenciar las capacidades, habilidades y potenciales del niño y la niña, en función de su autorrealización personal y social.
En mi perfil de Instagram se puede consultar más información sobre juegos o actividades que se pueden realizar con el niño/a como: los bloques lógicos, actividades con imágenes y actividades con prendas de vestir.
La Educación Temprana persigue diversos objetivos, se pasa a enumerar alguno de ellos:
Para para conocer ejercicios y juguetes que promuevan sentarse, gatear y caminar puedes visitar mi perfil de Instagram.
El principal objetivo de una educación temprana no es conseguir niños espectaculares o genios, sino que lleguen a convertirse en adultos autónomos, capaces y, lo más importante, felices.